desiree verlangen

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Le gustaba sentarse al borde de la cama, dejar los pies colgando y pasarlos una y otra vez por la lana de la alfombra. Le hacía sonreir. Le recorría un escalofrío por la piel, la risa que nunca dejaba escapar le mordía desde dentro. Y no podía evitar dejar escapar el aire en una única carcajada contenida. Era el mismo juego entre las dos, y ninguna perdía nada al ser derrotada. Siempre ganaban.
Después se levantaba, paseaba la vista acostumbrada por los libros y ninguno acababa de llamarle la atención. De lo que tenía ganas era de voz en los oídos.
Los minutos pasaban, y ella seguía de pie sobre la alfrombra de lana con los ojos cerrados y sin pensar en nada. Un deseo empezó a formarse en ella. Lo siguió. Poco después abrió los ojos y vio el techo blanco que no impedía ver el cielo, al menos para ella. En su mano, había humo. En su boca había humo dulce. Respiró fuertemente, hasta que el espacio de sus pulmones se llenó a reventar. Todavía no quería soltar el aire. Estaba tumbada. El sonido de un saxofón se abrió lentamente paso por el espacio que separaba su casa de la calle de enfrente. Se quedó escuchando las notas que poco a poco iban naciendo solo para ella hasta que, cogiendo velocidad, formaban su canción. Una canción anónima de la que no conocía el autor, ni la letra. Pero eso no le impedía inventarla ella misma. Cada vez que el saxofón cobraba vida se entretenía imaginando a su vecino. Al principio, imaginaba sus labios pegados al instrumento, sus ojos misteriosos cerrados haciendo un esfuerzo para sacar sonidos de él, sus manos acariciándolo lentamente y presionando suavemente, pues sabía perfectamente que no podía empezar de ninguna otra forma. Porque ésa era su historia. La del saxofón, la del chico misterioso y la de la chica del humo.
Ella dejó que la música la guiara. Abrió los ojos y dejó escapar el aire, acompañada en todo momento por él.
El humo empezó a tomar formas que conocía perfectamente, formas de rostros, de cuerpos, de manos, de voces.
Levantó las manos y pasó sus dedos por el humo, acariciándolo como un viejo amigo. Como siempre, no pudo aferrarlo. No se preocupó demasiado. Volvió a expulsar humo, esta vez con mayor fuerza. Volvió a entrelazar sus dedos con él. Volvió a escaparse.
Las últimas notas de su canción le besaron los labios. Ella miró el humo, volvió a escaparse.
Entonces, lo dejó ir.

Se levantó despacio de la alfombra, abandonando su humo allí y acercándose a la ventana. Se puso de puntillas para ver mejor. Vio como una figura se movía detrás de las cortinas de la casa de enfrente. Apoyó sus manos en el alfeizar y se quedó mirando un rato.
Él no se volvió, ni abrió la ventana y tampoco volvió a tocar la canción.
Ella sonrió, notando como la vida continuaba y ella corría detrás, disfrutando de cada paso. Sin moverse de allí, llegando hasta los confines del mundo. Volando sobre ciudades.

Se acordó del humo y se dio la vuelta, mirándolo con el ceño fruncido.
Lo guardó todo y se pintó los labios. Cogió el bolso, las llaves y dejó el movil en la alfombra. Al bajar, se puso las botas y salió a la calle, con la música de su canción en los oídos y el beso en los labios pintados.
Que el mundo no fuera suyo no le impedía moverse por él como si lo fuera.

El movil no sonó en toda la noche. De haberlo hecho, ella no hubiera estado allí para responder.



Comentarios

  1. Y que mágico recuerdo ¿verdad?

    La realidad puede llegar a sobrepasar la fantasía. Seguro que fue más mágico que todos estos pequeños indicios que quieren expresar... esa "cosa" que sentiste.

    De no ser así, no te habría inspirado para escribir esto.

    Si, seguro que lo fue.

    Cariño, te quiero.

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