desiree verlangen

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Adrenaline.

Me encanta imprimir fotografías en las que salimos sonriendo y pegarlas en las páginas izquierdas de mi cuaderno, pintar con colores brillantes nuestros nombres cerca, o lo que quedan de ellos tras esa noche salvaje. Cerrar los ojos y  escucharnos aún sintiéndonos respirar en medio de esa marea de gente, con el ritmo frenético de la música siguiendo a esa bomba de relojería que suponen nuestros corazones, capaces de estallar en cualquier momento, capaces de hacernos saltar por los aires y destrozar todo a nuestro alrededor. Y así eramos, capaces de todo si perdíamos solo un poco el control. Sabíamos robárnoslo entre nosotros, provocarnos con solo un roce intencionado, una mirada mal disimulada, una palabra dirigida a retarnos y no querer perder el juego.

Pero lo nuestro era más que un juego, lo nuestro era nadar en el cosmos que suponía la vida. Tirábamos soles a nuestros tejados, y si nos sentíamos mal nos dejábamos flotar en el polvo de la nebulosa D-19 para perdernos y reencontrarnos tiempo después, manchados por completo y borrachos de ginebra. Pero aún había hueco para un trago más cuando estabamos al borde de morir, ¿verdad? Aún uno más, ése que aún en el final, nos mantendría juntos y vivos, salvándonos de la autodestrucción y del final de nuestro tiempo.
Nos daría diez meses más para vivir, para encontrarnos y de pronto, volver a beber ese vaso que tiene nombre de final, y correr para esquivarlo una vez más mientras nuestras voces se funden en el aire, rizándose como el humo de nuestros cigarros y el calor de nuestros cuerpos.

Porque siempre estábamos ahí, lo quisieramos o no. Quisieramos huir o quedarnos, y eso era lo precioso de nosotros, que no podíamos irnos porque en el fondo no queríamos. Sentíamos morir si pensabamos en ello. Y aún y con todo, te llamaba en las noches de Diciembre preguntándote que tal en Suecia, y me decías que criabas a mi oso polar (se llamaba Ritchie, siempre lo supe) y tomabas un café mirando por la ventana. Pese a que escuchaba voces detrás de tí, sonreía y me quedaba un minuto en silencio. Nunca decíamos que nos echábamos de menos, pero ambos lo hacíamos. Muchísimo. Aunque quisieramos alejarnos algo nos ataba, y era la adrenalina que sentíamos correr entre, y dentro de nosotros cada vez que nos tocábamos, o nos mirábamos si quiera. Era la inmensidad que nos rompía al estar juntos, incluso cuando estabamos cansados de vernos.

Esa sensación que te dice "el mundo es mío y te lo voy a regalar a cambio de cien vidas más".

Lo único que nunca supe fue... ¿Aceptaríais eso?


Aunque sea en "singular" muchas veces, está dedicado a Last Generation.








I WILL NEVER FORGET WHAT MEANS 
'WILD WORLD'

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