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Otra versión de: No me sonrías, pequeña loba (Con Alberto Llogar)

RADIOACTIVED
Los últimos rastros de la noche se difundían en el cielo como las notas de la canción que estaba escuchando. Esa voz que tanto le gustaba, que tantas veces la había acompañado en sus momentos más oscuros, y secretos mientras le recorrían escalofríos de origen incierto y la verdad, es que no todos la disgustaban. De hecho, acompañada de esa voz, muy pocos lo hacían. Esa voz rasgada, que arañaba su interior con una fuerza que la rompía, igual que aquellas palabras que había pronunciado en su cabeza tiempo atrás y que ahora eran poco más que recuerdos en una vida a medio rehacer. "Pero, cariño, en el silencio de esta habitación se han quedado guardados demasiados lobos con los que convivir". Casi sonrió cuando la repitió en su cabeza, lentamente, saboreando cada una de las sílabas. De hecho incluso había metido a un pequeño lobo rojo en su apartamento que dormía con ella en la cama cuando le apetecía y que la sacaba de casa por lo menos tres veces al día, para enseñarle mundo.


Las primeras gotas de luz cayeron sobre su cara como la lluvia matinal, haciéndola estremecer, dejando escapar una suave risita que habría podido hacer callar a toda una ciudad si la hubiesen escuchado, sincera, clara, luminosa... Como su apartamento, bañado en luz blanca, tan lleno de vida y tan silencioso en aquel momento... Contó los segundos que tardó el cielo en romper con la oscuridad de las últimas horas. Fueron dieciocho y al diecinueve, el sol la cegó.


Inconscientemente, cogió la cámara que descansaba a su lado, y sin pensarlo un instante, la encendió a tientas y disparó retratando en aquella pequeña pulgada lo que ella no había sido capaz de ver.


Y cuando miró, ahora sí, la primera voz del día estalló en la calle. Su risa, divertida, emocionada. Prometedora.

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ALBERTO LLOGAR - Make love in New York
Él se despertó pronto, y como pudo, se levantó sintiendo la rotación de la tierra a sus pies. Había sido una noche muy larga. 
Intentó hacer cabalas sobre que había pasado y visto esa noche, pero solo recordaba una cosa: fuego. Una chica con el pelo en llamas, a la que no se atrevió ni a hablar. Le quemaba desde lejos, y el solo quería acercarse, apagar la música y abrazarse a su pelo. ¿Lo había soñado? Tampoco le preocupó demasiado. Hacía ya tiempo que no distinguía si lo que vivía era real.


Se volvió a quedar dormido y volvió a verla. A ella. Al fuego. Y pudo tocarlo, y por primera vez, se dio cuenta de que el dicho no era cierto. No todo el que juega con fuego se quema. Pero lo que el no sabía, es que ese fuego, quemaba por dentro.






Comentarios

  1. Pese a lo que he dicho, voy a intentar trabajármelo. Pero si muero en el intento, quiero que quede clara una cosa. SOIS LOS DOS MALA GENTE. Porque escribís demasiado bien. Con demasiada intensidad. Con puro fuego. Y claro, llega servidora, se emociona, os empieza a admirar como si no hubiera mañana... y después llega la envidia. Porque sí, es que tengo una envidia tan insana que os cortaba las manos y me las cosía a las muñecas para robaros el arte. ¡MALA GENTE!

    Aunque siempre podéis haceros perdonar volviendo a escribir. Ya sabéis, como con lo de que la música doma a las bestias. Pues eso. Seguid encantándome y yo tendré mis fauces cerradas. Ninini.

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